Años de lágrimas y sufrimientos

Una vez dejados atrás los terribles acontecimientos acaecidos en el pueblo de Navasfrías al final de la segunda década del siglo XX, con la mal llamada gripe española de 1918, donde de los 1686 habitantes enfermaron 1500 y fallecieron 58, y a pesar de la calma que se respiraba en esta zona, debido en parte a que la mayoría de sus gentes, a partir de la desamortización de la Orden de Alcántara eran propietarios de algún trozo de terreno, pequeñas propiedades con los cuales poder atender al mantenimiento y las necesidades familiares, otra vez en Octubre de 1934 comienzan a abrirse heridas profundas en alguna familia navasfrieña. La familia Pérez González es destinataria del primer comunicado de baja en el apaciguamiento de la Rebelión Asturiana, promovida por Alianza Obrera Y Campesinos. Tomás Pérez González, nacido en Navasfrías el día 20/12/1904, hijo de Santiago Pérez y de Ezequiela Atilana González, brigada del III Tabor de Regulares de Tetuán, cae víctima de los disparos de los campesinos asturianos,  recibiendo sepultura posteriormente en el cementerio de Grado a la edad de 29 años. Otra de las familias que sufrieron la angustia de estar pendientes de las noticias provenientes de la zona asturiana para el apaciguamiento de la rebelión, fue la familia Paíno Moreiro, máxime después de recibir en el pueblo la noticia de la trágica muerte de Tomás, ya que uno de sus miembros reclutado en la leva del 33, emprendió aquí un largo camino que, con un pequeño descanso,  volvería a reanudar otra vez en el 36 durante tres años más, deambulando con las armas en las nanos, de ciudad en ciudad, de trinchera en trinchera y de campo de batalla en campo de batalla. (Historia grabada en mis recuerdos. Puchero Zarceño de Morales Paíno)

Las decisiones adoptadas con la entrada de la CEDA de Gil Robles en el gobierno de los radicales republicanos de Lerroux, después del triunfo en las urnas de la derecha en Noviembre de 1933, provoca, en los meses sucesivos, la paralización de las reformas aprobadas por el gobierno anterior, entre ellas la agraria, además de anular las disposiciones referentes a los arrendamientos, y también las  concernientes al salario, y jornada,  incitando, todo esto, a una huelga general por el malestar del sindicato agrario, y de los trabajadores del campo; descontento que iría en aumento hasta llegar el día cinco de Octubre del 34 a la revuelta de los campesinos y los mineros asturianos, dando comienzo con una huelga general indefinida, apoyada por los sindicatos CNT y UGT, como en otras partes de España, que derivó en un levantamiento general de todo Asturias, arrastrados por el proceder de los anarquistas, la izquierda radical y los ataques de los mineros  utilizando grandes cantidades de dinamita existentes en las minas para provocar el caos,  llevados por el descontento general acumulado durante años, y por las consecuencias que había tenido la entrada de la CEDA en el gobierno, que aunque no derogo la reforma del 32, provoco el despido de casi 29.000 jornaleros, cayendo también el precio del pago de los jornales un 50%;  respetando los pocos avances en el reparto de tierra que hasta entonces se les había concedido a los yunteros. Esta reforma había sido aprobada por el gobierno de Manuel Azaña, formado por los republicanos y el partido socialista, para paliar la precariedad que todos, durante tantos años, venían arrastrando, sobre todo, los habitantes de pueblos extremeños, andaluces y algunas zonas de la provincia de Salamanca Toledo y parte de Castilla la Mancha.

Después de los acontecimientos de Asturias, el gobierno de la derecha pone en marcha una nueva reforma agraria en 1935 que, como venía sucediendo hasta entonces con sus reformas, a los únicos que beneficiaria, es a los propietarios de grandes fincas.

Desde el siglo XVIII con monarquías absolutistas, señoríos, órdenes militares, grandes terratenientes de la burguesía y la nobleza que disfrutan de los privilegios de la Mesta, y las propiedades de los monasterios, a veces ocupando grandes extensiones de terreno de manos muertas, convierten a las gentes de estos territorios prácticamente en esclavos al servicio de los poderosos. Todo esto aún se iría agravando durante todo el siglo XIX debido a la desamortización y  venta de los territorios pertenecientes a las órdenes militares, y los monasterios, así como las tierras comunales y de propios usurpadas a los ayuntamientos, que son adquiridos en las subastas por personas de la administración, la nobleza, y los grandes terratenientes, los cuales están al tanto, desde la administración, de las subastas y las condiciones de estas fincas, a las cuales en ningún caso tendrán opción los habitantes de los pueblos, abonando el 10% a la hora de formalizar las compras en las subastas, adjudicándoles las propiedades sin finalizar el resto de pagos en la mayor parte de los casos, enriqueciéndose, al mismo tiempo, y en la misma medida, que condenan a los habitantes de los pueblos donde están situadas estas fincas, al hambre y la miseria. La situación de estos campesinos sin tierras, y en la miseria, es denunciada, por Vicente Paíno, en la defensa de Extremadura contra la Mesta, ya desde el siglo XVIII, con propuestas para poder solucionar las carencias de los pueblos extremeños; así mismo Campomanes trató de llevar a efecto una reforma agraria como ministro de Carlos III, consiguiendo exclusivamente el reparto de unas pocas tierras comunales a los yunteros; también Jovellanos, denuncio en su día la despoblación de los pueblos, ligada a la pobreza existente, con gran cantidad de baldíos como causa del empobrecimiento de la nación y sus gentes, proponiendo diferentes fórmulas para convertir estos terrenos baldíos en pequeñas propiedades productivas que aliviarían el hambre y la pobreza de estas gentes, al mismo tiempo que ayudarían a la prosperidad de la nación;   no llevándose a cabo ninguna de las propuestas, que son siempre obstaculizadas por la codicia y la avaricia de las clases dominantes,  agravándose esta situación durante todo el siglo siguiente para llegar al siglo XX en una situación de crispación y de miseria intolerables e insoportables para los desheredados de la tierra, provocando, esta clase política que les habían retirado el sustento a miles de familias, una explosión de impotencia y rabia hacia los que durante tantos años les venían negando, a ellos y a sus hijos, el poder vivir de su trabajo, al excluirlos de los bienes de la nación que solamente pueden disfrutar unos pocos al convertirse en dueños de la mayor parte del territorio nacional, provocando, cada día que pasa, más desigualdad con este proceder del acaparamiento de tierras, en muchos casos para disfrute de unos pocos, con gran cantidad de hectáreas de terrenos improductivos, convirtiéndose esta situación, en un callejón sin salida, que lleva, ante el levantamiento asturiano, a una lucha fratricida para salvaguardar la república, protegiendo al mismo tiempo los intereses de los poderosos, ya que este gobierno no cambiaría las políticas que habían llevado a mineros y campesinos hasta aquí, cargando sobre las bases del ejercito la responsabilidad de una matanza llevada a cabo, en algunos casos, con verdadera crueldad por algunos miembros de la legión y de las fuerzas marroquíes integradas en los tabores de regulares de África, bajo las órdenes del teniente coronel Yagüe y del general López Ochoa, y que les serviría de experiencia a los mandos como el general Franco, encargado de sofocar el levantamiento, para llevar a cabo en el 36, tras el triunfo en las urnas del Frente Popular, una sublevación contra un gobierno legítimo, por otra parte calificado de ilegitimo por la derecha y los sublevados como pretexto para llevar adelante el levantamiento militar, justificando la rebelión ante su conciencia y la de aquellos que definieron esta guerra como una cruzada; sabiendo perfectamente, como escribiría más tarde Ramón Serrano Suñer. “Los rebeldes contra el Gobierno del Estado constituido, republicano, eran, a tenor del Código de Justicia Militar, los que se alzaron y todos los que les asistimos y colaboramos, ya que no podían ser tales quienes jurídicamente estaban con el Gobierno constituido.”

Los problemas que ocasionaban todas las desigualdades, así como el descontento que provocaron, servirían a algunos militares, tras el ruido de sables que se venían produciendo en los cuarteles desde 1932 con el fallido golpe militar del general Sanjurjo; ruido más persistente, posteriormente, por parte de algunos mandos como el general Mola, ya desde 1934, para  agruparse en torno al general Franco en 1936, después de la inesperada muerte del desterrado Sanjurjo, y llevar a cabo la página más negra de la historia de España, al emprender un fracasado golpe militar contra la Republica, e inmediatamente tras este fracaso, la consiguiente declaración del estado de guerra; teniendo claro por parte de Mola la forma de proceder en cuanto se proclamase el estado de guerra. “Se tendrá en cuenta que la acción ha de ser en extremo violenta para reducir lo antes posible al enemigo, que es fuerte y bien organizado. Desde luego, serán encarcelados todos los directivos de los partidos políticos, sociedades o sindicatos no afectos al movimiento, aplicándoseles castigos ejemplares a dichos individuos para estrangular los movimientos de rebeldía o huelgas.”

 Este levantamiento seria el fin de la reforma agraria de 1936 del frente popular.

Desde Navasfrías a lo largo de unos 130 km, muchos campos de este trayecto, tanto por la parte del Rebollar, como por la salida natural usada hoy día, Casillas de Flores, Fuenteguinaldo, y El Bodón, pasando por Ciudad Rodrigo, fueron regados con la sangre de muchos inocentes, cuyos golpes en sus puertas en la oscuridad de la noche, explotaban en los oídos de toda la familia como un golpe desabrido, cruel y frio, que les hiela el alma, corta el aliento y para el corazón. En los campos de esta Salamanca la blanca de los carbonerítos que van y vienen, siempre con los rostros tiznados, curtidos por su trabajo y las inclemencias del tiempo; aquí, pero en las dehesas próximas, en un barracón junto a un aeródromo militar, construido por los sublevados en las propiedades del ganadero Antonio Pérez Tabernero,  se tomaron los acuerdo que llevarían a ser proclamado Franco, oficialmente en Burgos, Generalísimo de los Ejércitos, y jefe del Estado, instalando su cuartel general en la misma Salamanca, pasando a ser su residencia el palacio episcopal cedido por el obispo Enrique Pla y Deniel, nacido en Barcelona, y entusiasta partidario de esta sublevación. Otra de las personas residentes en Salamanca, nacido en el País Vasco, intelectual de gran prestigio, de la generación del 98, pero ligado de por vida a Salamanca y su Universidad, fue Miguel de Unamuno, quien con pocas simpatías hacia La Republica, mostró su adhesión al alzamiento militar con declaraciones en las que manifestaba el haber llegado estos, "para salvar la civilización occidental, la civilización cristiana". Estas muestras de simpatía, fueron contrarrestadas, a ojos de los sublevados, con otras manifestaciones y enfrentamientos con miembros destacados de la universidad y del ejército, en el Paraninfo de la universidad de Salamanca ante la presencia de Carmen Polo. El discurso del profesor Francisco Maldonado atacando los nacionalismos catalán y vasco, calificándolos de "cánceres en el cuerpo de la nación" es contestado por Unamuno: “Quiero hacer algunos comentarios al discurso, por llamarlo de algún modo, del profesor Maldonado. Dejare de lado la ofensa personal que supone su repentina explosión contra vascos y catalanes. Yo mismo como sabéis, nací en Bilbao. El obispo, lo quiera o no lo quiera es catalán, nacido en Barcelona." A pesar del alboroto con gritos y murmullos, Unamuno prosigue denunciando el abuso que se está haciendo de los "Anti-España" a todos los contrarios al movimiento nacional. Esto hace crecer el descontento de los presentes, tratando de acallarlo, pero Unamuno prosigue, en este caso reprochando la conducta de los alborotadores entre los que se encuentran, además de muchos falangistas, el general Millán Astray. "Venceréis pero no convenceréis. Para convencer hay que persuadir. Y para persuadir necesitaríais algo que os falta: razón y derecho en la lucha. Me parece inútil que penséis en España. He dicho." Esto, posiblemente, lo igualaría en su destino al del poeta granadino, ante la respuesta de Millán Astray. “Mueran los intelectuales", seguido de la protesta de alguno de los intelectuales presentes. Estas protestas no apaciguaron los ánimos del general, al contrario, sus palabras subieron de tono gritando enfurecido: "Mueran los falsos intelectuales traidores, señores, traidores."  

Las barbaridades llevadas a cabo al principio por los milicianos de la república, se fueron incrementando por los nacionales a medida que avanzaba la contienda, llevada a efecto con más virulencia por parte de los vencedores sobre los vencidos debido al odio acumulado en ciertos grupos fascistas durante estos años, prolongándose en el tiempo después de finalizada la guerra.

“De los que dirigían los pelotones de ejecución, unos eran simplemente jóvenes que disfrutaban matando. Otros, sin duda, creían que tenían el deber de extirpar las turbias herejías del liberalismo, el socialismo, el comunismo, el anarquismo, y la masonería; y cuanto más duraba la guerra, más graves se consideraban estas ideologías.”  Hugh Thomas.


El crimen fue en Granada.

1ª estrofa.

Se le vio, caminando entre fusiles

por una calle larga,

salir al campo frio,

aún con estrellas, de la madrugada.

Mataron a Federico

cuando la luz asomaba.

El pelotón de verdugos

no osó mirarle a la cara.

Todos cerraron los ojos;

rezaron: ¡Ni Dios te salva!

Muerto cayó Federico

-sangre en la frente y plomo en las

entrañas-

...Que fue en Granada el crimen,

Sabed-¡pobre Granada!-,en su Granada.       Antonio Machado.



Con todos los sucesos ocurridos dentro de la zona llamada nacional, se abrirían, por desgracia, heridas profundas en más familias navasfrieñas durante ese trienio oscuro y cruel que trajo consigo el golpe militar contra la segunda república, que da comienzo en 1936. Las consecuencias en la ciudad charra, comienzan a tener repercusión desde el día 19 de Julio con el fuego a discreción, llevado a cabo, por el ejército rebelde, contra las personas que disfrutan de su paseo dominical por la plaza de Salamanca, con un resultado final, por esta acción, de 11 muertos y varios heridos.

Las sacas en los pueblos de la provincia, sobre todo en la zona del rebollar y en la provincia de Extremadura son considerables, comenzando al alba numerosos fusilamientos en el cuartel militar de Cáceres, según testimonio de un soldado navasfrieño destinado al principio en esta plaza, para ser trasladado seguidamente al aeródromo militar de Cuatro Vientos, extrañado por las descargas que cada día se producían al alba, hasta descubrir la causa que cada mañana le sobrecogía el ánimo. Anteriormente en la provincia de Badajoz, las tropas a las órdenes del General Yagüe, provocaron una verdadera carnicería, después de entrar por Andalucía, sembrando el terror, las tropas africanas bajo el mando de Queipo de Llano; quien desde la radio de Sevilla elogiaba y animaba a sus valientes legionarios y regulares, que habían demostrado a los rojos cobardes y a sus mujeres, lo que significaba ser un hombre de verdad y no milicianos maricas, asegurando que ellas no se librarían por mucho que se resistiesen.

“En ciudades como Sevilla o Granada, la gran población obrera tenía que ser obligada a aceptar el nuevo orden por medio del terror antes que los militares nacionalistas pudieran dormir tranquilos. Por eso, los rebeldes no solo actuaron cruelmente con sus enemigos, sino que además tuvieron que actuar abiertamente y exponer los cadáveres de los que mataban a la contemplación pública.”     Hugh Thomas.

Los navasfrieños, como en todas las partes, tenían sus opciones políticas, unos cuyas convicciones republicanas eran firmes, tuvieron muchos problemas, incluso penas de cárcel, otros optaron por abandonar sus casas viviendo largos años  exiliados, todos ellos con procedimientos  incoados por el Tribunal Militar Territorial Cuarto: León Almaraz Moreiro, Alcalde del Aytº de Navasfrías, Nº de Procedimiento 1886, Año 1936, Signatura Caja 89, Nº de Orden 911 (Exiliado); Ángel Ramos Navais, Concejal de dicho Aytº, Nº Pctº  1886, Año 1936, Sgtrª Caja 90, Nº de Orden 927 (Exiliado); José Paíno Moreiro, Nº Pctº S/N, Año 1941, Sgtrª Caja 342, Nº de Orden 7338;   José Moreiro Acosta, Nº de Pctº 875, Año 1938, Sgtrª Caja 306, Nº de Orden 4513; Domingo Ramos Navais, Nº Pctº 678, Año 1938, Sgtrª Caja 315; Nº de Orden 5188. Las consignas del general Mola de descabezar, con castigos ejemplares, cualquier entidad que no estuviese de acuerdo con el alzamiento, tuvo como consecuencia la puesta en marcha, desde el primer momento, de la detención de todas las personas con algún cargo en los partidos políticos, sindicatos, casas del pueblo, etc… llevándose a cabo la detención del presidente de la casa del pueblo Román Martín Almaraz, y algún otro miembro destacado, Lorenzo Rovalo Navais, y Placido Ramos Jorge. Todos los problemas derivados de la pertenencia, o no, al grupo de personas que continuaron apoyando la opción de la república, no afectaron la convivencia de los vecinos, salvo algunas amenazas lanzadas sin tener destinatario concreto, y que nunca  llegaron a ser llevadas a efecto,  ya que en su mayoría  conservaron la amistad durante toda la vida. La autoridad del brigada de la guardia civil Braulio Manzano, quedo bien patente en el primer encontronazo con los falangistas, rechazando las pretensiones de Castro,  haciéndole saber que  ningún falangista sería bienvenido en aquel pueblo al presentarle una lista para llevarse algunas personas, lista confeccionada, posiblemente, con la ayuda o consejo de algún vecino navasfrieño. Este falangista era conocido en el pueblo por ser un asiduo visitante, ya que cada día se desplazaba en una calesa, en algunas ocasiones acompañado por su mujer, desde su residencia en la Genestosa para tomar café en un establecimiento situado, en aquella época, en la plaza del pueblo. El respeto que la gente profesaba a este brigada por su proceder, juntamente con el civismo de los vecinos, evitaron, dentro del pueblo, cualquier saca; sacas que se llevaron a cabo, a veces, en los pueblos vecinos por desacuerdos, entre otras situaciones, con algún cacique local, como la que sucedió con el alcalde del pueblo de Casillas de Flores, José María Moreiro, descendiente de Pedro Moreiro, natural de Navasfrías, y en otros casos con personas nacidas en Navasfrías y residentes en pueblos extremeños, sin olvidar a Félix González Alfonso, nacido en Navasfrías el día 03/11/1887, hijo de Valentín González y Úrsula Alfonso, y hermano de José (Mosquita). Félix, hombre provocador y de carácter poco apacible, fue llevado  directamente a una cárcel de Ciudad Rodrigo después de negarse reiteradamente a entregarle un revolver que poseía desde sus años de estancia en Francia, al brigada Manzano, pidiéndole este que así lo hiciese con el fin de evitar complicaciones. Después de su ingreso en la cárcel de Ciudad Rodrigo, un militar navasfrieño J.B.M., hacia frecuentes visitas a esta cárcel con el fin de buscar la forma de lograr su liberación, cosa que no consiguió debido a la furia represora de los falangistas que se lo llevaron para ejecutarlo. No solamente las sacas causaron bajas en la población, Petra Almaraz, hija del alcalde republicano León Almaraz,  casada con Ángel Ramos Navais, concejal de esta alcaldía, muere en Navasfrías el día 04/09/1937, agobiada por la situación personal y malos tratos, debido a su ideología política y su forma de ser. En el caso del alcalde de Casillas, un vecino navasfrieño fue participe de esta saca en primera persona. También otras personas fueron víctimas, en los frentes, dentro de territorio llamado nacional: Tomás Manuel Acosta González, carabinero, nacido en Navasfrías el 29/12/1906, hijo de Tomás Acosta y Petra González, casado el día 05/12/1935 con María Jorge Chaparro; Ceferino Montero Devesa, nacido en Navasfrías el 26/08/1898, e hijo de Manuel Montero y Luciana Devesa, voluntario incorporado al ejército franquista; Emiliano Montero Valiente, nacido en Navasfrías el 07/08/1913, hijo de Ignacio Montero e Isidora Valiente , soldado de remplazo del ejército franquista; Amador Martín Almaraz, nacido en Navasfrías el 31/03/1920,  hijo de Francisco Martín e  Isabel Almaraz, soldado de remplazo del ejército franquista; Félix Marcelino Martín, nacido en Navasfrías el día 30/01/1911, hijo de Jacinto Marcelino (Lurú) y de Felicidad Martín, casado el día 23/02/1935 con Castora Clemente Martín, soldado de remplazo del ejército franquista. Victoriano Marcelino Martín, nacido en Navasfrías el día 08/11(1918, hijo de Jacinto Marcelino (Lurú) y de Felicidad Martín, soltero, y soldado de remplazo del ejercito franquista.

 También los navasfrieños caídos en Campo Rojo son de interés del régimen. El 11/05/1941 el ayuntamiento de Navasfrías recibe un impreso con el fin de hacer constar los navafrieños fallecidos en Campo Rojo. Este impreso es cumplimentado por el secretario Don Felipe Pérez Acosta y firmado por el Alcalde Don Luis Moreiro González, siendo dirigido, el día 07/07/1941 al Fiscal Instructor .Delegado de la Causa General en Madrid, haciendo constar, en dicho impreso, no haber habido ningún fallecido navasfrieño en dicho Campo Rojo.

La finalización de la guerra fue celebrada con tres días de festejos, y sus respectivas capeas populares, con ganado cedido por los más entusiastas del régimen, estando en desacuerdo de esta celebración, las personas con heridas sangrantes aún y todos aquellos en oposición al golpe militar.

La finalización de la guerra no trajo la paz para los republicanos atrapados en Madrid, continuando las detenciones y la represión. El miedo a ser detenidos y fusilados les hizo buscar la forma de abandonar el país rumbo a otras tierras que le ofreciesen seguridad. La búsqueda de soluciones incluía la salida a través de la frontera portuguesa, para lo cual contactaron con un navasfrieño, persona vinculada estrechamente a maestros y militares que anteriormente habían servido a la república, y buen conocedor de la zona fronteriza tanto de la española como de la portuguesa. Esta persona fue recibida en la capital y conducida a unas instalaciones subterráneas donde se reunió con varias personas más con el fin de analizar los pros y los contras de una salida por esa zona. En la reunión valoraron todos los peligros, ya que si peligrosa era la zona española, no lo era menos la portuguesa, abundando más en los peligros existentes después de pasar la frontera, con una policía política (PIDE) creada por el Presidente del Consejo, Antonio Salazar de Oliveira, el mismo que había promulgado la Constitución del Estado Novo, de inspiración fascista, fundando el partido único, Unión Nacional, y como Ministro de Guerra, más tarde,  ayudando a las fuerzas franquistas con los llamados Viriatos. A la vista de todas estas dificultades y peligros, exponiéndose todos a ser detenidos, desestimaron la posibilidad de una salida por esta zona.   

En los años sucesivos las heridas irían cicatrizando, aunque la mayor parte de las veces, en algunas personas, volverían a reverdecer sin terminar de cerrar nunca jamás, sobre todo para las familias de todos los caídos.

 El pueblo de Navasfrías tuvo que continuar sus trabajos diarios, en los campos con la agricultura y la ganadería, en las minas con la extracción de wolframita y estaño, y en las pequeñas industrias con el trabajo diario de los diferentes oficios,  tratando de fortalecer los lazos de amistad entre todos, sin resquemores ni odios, con independencia de su pensamiento político, con el fin de salir  adelante, sin recibir ayudas de ningún tipo, al contrario, sufriendo cada año  la visita del recaudador de impuestos para el cobro de contribuciones, y la del gobernador civil para glosar las virtudes del régimen desde el balcón del ayuntamiento, finalizando con el cara al sol, cantado, brazo en alto, por todos los asistentes al acto en la plaza del pueblo, mientras algunos republicanos pasaban el tiempo que duraba el acto, confinados en el cuartel de la guardia civil.

Así tenemos que, como liturgia propagandista del régimen, en 1950, después de más de una década de haber triunfado el levantamiento militar, y haber  puesto fin a la 2ª Republica, el máximo representante del poder público en los ayuntamientos  es a la vez Alcalde y Jefe de F. E. T. y de las J. O. N. S. Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista.


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