Enseñanza Pública

En referencia a la enseñanza, son muchas las dificultades que se van presentando a lo largo de los años desde la fundación y donación de la Villa a la Orden del Pereiro y Alcántara en el año 1219. Sus habitantes sujetos a los problemas que trae consigo la frontera con los ataques de los portugueses y también que, en principio, todos son trabajadores al servicio de la Orden; trabajadores sin propiedades, con medios precarios y casi sin alimentos para poder sobrevivir. Esta es, sin duda, la razón por la que se encuentran sin recursos que aportar a la educación de sus hijos y poder contratar una persona que se dedique a la enseñanza en la Villa. Todo esto nos deja claro que en cuanto pueden, estos niños, tienen que ser una ayuda y no una carga dentro de las familias. La primera parte del axioma de Aristóteles "Primun vivere", si ya de por si no necesita explicación atendiendo estrictamente a su literalidad, en la época donde se desarrollan estos hechos, y visto el panorama existente, la vida de estas personas se convierte necesariamente en pura supervivencia desde el primer momento. Algunos de los habitantes de la Villa, seguro que a costa de sacrificios, sienten la necesidad de que sus hijos pueden acceder a una enseñanza básica, ya que en 1753 hay una persona que trabaja a la vez como maestro y tejedor de lienzos. Por todas estas circunstancias, debido a todas las dificultades y escasez de medios que atraviesan las familias,  no es hasta 1791, siendo ya arrendatarios los habitantes de la Villa, cuando tenemos constancia de la existencia de una escuela en un local del ayuntamiento, más tarde escuela de párvulos, a la que asisten niñas y niños, cuya enseñanza le corresponde impartirla al párroco, Dn. Josef de Oca y Melo, a cambio de trescientos ducados donados por el Comendador, más media fanega de centeno que corresponde pagar a cada alumno. Estos pagos en especies por parte de los alumnos, dificulta la asistencia a la escuela de algunos niños, dado que sus padres no pueden aportar dicho producto. Ante la necesidad y la conveniencia que todos los niños reciban educación reglada, se propone, por parte del ayuntamiento, que todos aquellos que tengan hijos capaces de ir a la escuela contribuyan con una asignación, y se traiga maestro aprobado. Es en 1850 cuando por fin hay un maestro de instrucción primaria que cobra 1200 reales, y es pagado por el ayuntamiento. El plan de Escuelas Públicas es aprobado por el gobierno en 1838, por lo que se supone que algún maestro ocuparía la plaza desde entonces.  En las tres últimas décadas del siglo XIX, fueron varios los docentes que se ocuparon de la enseñanza de niños y niñas en el pueblo de Navasfrías, entre ellos, en estos primeros años de la década de los 70, la maestra D.ª Adelaida Magdalena Bikandi, esposa que fue de Don Gregorio Montero Acosta, natural de Navasfrías y secretario del Ayuntamiento de la Villa, ella natural de Alberguería de Argañan, e hija de Don. Antonio Magdalena, natural de Lageosa da Raia y de D.ª Josefa Bikandi, natural de Argoitia, Guipúzcoa. En esta década también ejerce, como maestro de niños, Don. Ramón Carrasco Hernández, natural de Valverde del Fresno, obispado de Coria, Cáceres, y como sucede en otras ocasiones, la amistad con algunos de los naturales del lugar le lleva a apadrinar el bautismo de un niño navasfrieño en 1878, y ya en la década de los ochenta ejercen su profesión en esta Villa los maestros D.ª. Petra Pérez Sánchez y Don Juan Manuel Pérez Sánchez, jubilándose al final de esta década en Navasfrías, coincidiendo en este año de 1889, la concesión a la docente de niñas del sueldo anual de 825 pts, el mismo que ya percibía el maestro de niños. Desde comienzos de esta última década del siglo XIX y casi hasta el final, el maestro de niños es Don. Pedro Píriz Alejo, padre que fue de D.ª. Eudosia Píriz Diego, navasfrieña y pionera como mujer licenciada en medicina en la facultad de Granada. Otro de los maestros que ejerció esta función en la escuela navasfrieña, a comienzos del siglo XX, fue Don. Andrés García  Martín, natural de Salamanca, contrayendo matrimonio en la villa de Navasfrías el día 10/06/1903 con  Feliciana Eulalia González Caballero (conocida como la Caballera), hija de Paulino González Píriz, tratante de ganado, y de Isabel Caballero Marcelino.

 A parte de todas estas consideraciones y siguiendo con el final del Siglo XIX y comienzos del siglo XX, las personas que estaban en la función pública municipal, y los que regentaban negocios y profesiones liberales, casi todos, son ya descendientes, hijos y nietos de aquellos portugueses que cruzaron la frontera con el fin de buscar una vida mejor.

Alcalde: Andrés Moreiro González.

Secretario del Ayuntamiento: Don. Gregorio Bonifacio Montero Acosta.

Juez Municipal: Manuel Sánchez Píriz.

Fiscal del Juzgado Municipal: Domingo Martín Acosta.

Secretario del Juzgado Municipal: Ignacio Montero González.

Párroco: Don. Víctor Herrero Jato. Coadjutor: Don. Manuel Herrero.

Medico: Don. José López Moures.

Maestro: Don. Pedro Pérez? (Píriz). Maestra: D.ª Paula Jiménez Sánchez.

Comerciante de ultramarinos: Julián González González.

Fabricantes de sombreros: Isidoro Montero Acosta, Segundo Montero Acosta, Tomás Acosta Navais, y Gregorio Domínguez Ramos.

Fabricantes de ultramarinos: Gregorio Bonifacio Montero Acosta, Lázaro Baile López.

Herreros: Dámaso Martín Acosta y Domingo Martín Acosta.

Molineros: Francisco Caballero Collado, Juan Caballero Collado, Juan Collado, Manuel Chaparro, Antonio Martín, Francisco Montero Caballero, Blas Paíno  Guerrero, Francisco Sánchez Alfonso.

Posaderos: Martín Acosta, Luis Moreiro y Petra Astorga.

Vinos: Manuel Sánchez.

Zapateros: Eulogio Domínguez Lorenzo y su hijo Aniceto Domínguez Lorenzo.

El creciente aumento de la población y las dificultades para desarrollar cualquier empresa que se prevea rentable en un futuro, debido al aislamiento y abandono de la zona fronteriza en esta época, y sus nulas comunicaciones para la salida al mercado de ciertos productos, especialmente los sombreros, que necesitan de largos desplazamientos para su venta, con jornadas interminables a lomos de los caballos que trasportan esta mercancía hasta alcanzar el mercado andaluz, uno de los principales centros de consumo de este artículo, unido a las dificultades que atraviesan los fabricantes de tejidos y paños para hacer rentable el funcionamiento de los telares, y las dificultades de los agricultores que se dedican al cultivo del lino, para obtener este producto; son algunas de estas familias, Montero Acosta, Montero Caballero, Pérez Alfonso, Montero Pérez, Acosta Jiménez y también unos años más tarde, la familia García González, cuyo progenitor, procedente de Salamanca y desposado en 1903 con una navasfrieña,   ejerce la enseñanza en la Villa, las que comienzan a pensar en la cultura y la ciencia como una salida a esta situación, propiciando, en principio, que dos descendientes de aquellos Monteiro y da Costa, llegados un día del Concejo de Sabugal, unos de Pousafoles do Bispo en la última década de la primera mitad del siglo XIX y los otros de Vila do Touro en el siglo XVIII,  Don. Gregorio y Don. Juan, en el último cuarto del siglo XIX ocupen las secretarías de los ayuntamientos de Navasfrías y de Valverde de Fresno. Esto sería el comienzo para  que otros muchos hombres y mujeres de estas familias, ya desde el final del siglo XIX y principios del XX, accediesen a La Normal y a la Universidad, cursando carreras de magisterio, de derecho, de filosofía, de medicina en las especialidades de medicina de familia, de medicina forense, de cardiología, y pediatría, de farmacia, también hubo  quien se inclinó por el mundo de los animales cursando veterinaria, y otros inclinándose por  opciones militares, algunos ejerciendo la medicina o el derecho dentro del ejército. De todos ellos hubo varios que decidieron ser útiles a sus paisanos, Don. Florencio Montero Caballero, como médico titular de la Villa, Dn- Primitivo Montero Pérez como maestro en la escuela pública y Dn. Tomás Acosta Jiménez como farmacéutico. Estas personas, en sus profesionales, pusieron todo su empeño y conocimientos al servicio de sus paisanos, dejando un grato recuerdo en la memoria de los habitantes de Navasfrías.

El aumento de la población no solo se deja ver en el crecimiento del casco urbano, sino que comienzan a constituirse, ya anterior a estas fechas,  en algunos lugares del extrarradio  alejados del centro urbano unos cinco Km, pequeños grupos de casas, sobre todo, en dos lugares, uno, El Coisal, y otro Los Corianos.

XXP

 

 

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